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miércoles, 2 de noviembre de 2011

CREER ES EXISTIR…


A continuación desarrollamos una DISERTACIÓN FILOSÓFICA a partir de una excelente rola. 
Porque la filosofía está hasta dónde no lo imaginabas... con este método te la puedes pasar filosofando todo el día y todos los días.

FUENTE
     Género: Canción 
     Título: Afuera 
     Autor: Caifanes - Jaguares

Muchos años uno cree
que el caer es levantarse,
y de repente,
ya no te paras.

Que el amor es temporal,
que todo te puede pasar,
y de repente,
estás muy sólo.

Afuera,
afuera tú no existes,
sólo adentro.

Afuera,
afuera no te cuido,
sólo adentro.

Afuera,
te desbarata el viento
sin dudarlo.

Afuera,
nadie es nada,
sólo adentro.

Siguen los años
y uno está
creyendo que puede rezar,
y de repente,
ya te perdiste.
 

Y uno cree que puede creer,
y tener todo el poder,
y de repente,
no tienes nada.

Afuera,
afuera tú no existes,
sólo adentro.

Afuera,
afuera no te cuido,
sólo adentro.

Afuera,
te desbarata el viento
sin dudarlo.

Afuera,
nadie es nada, 
sólo adentro.

I. LECTURA DEL TEMA
1. Análisis de los términos (sentido, etimología)
a)      Creer: Tener por cierto algo que el entendimiento no alcanza o que no está comprobado o demostrado. Pensar, juzgar, sospechar algo o estar persuadido de ello.
b)       Caer: Dicho de un cuerpo: Perder el equilibrio hasta dar en tierra o cosa firme que lo detenga. Incurrir en algún error o ignorancia o en algún daño o peligro.
c)      Levantar: Mover hacia arriba algo. Construir, fabricar, edificar.
d)      Y de repente: Pronto, impensado, no previsto.
e)      Amor: Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.
f)       Soledad: Pesar y melancolía que se sienten por la ausencia, muerte o pérdida de alguien o de algo.
g)      Afuera: Fuera del sitio en que se está.
h)      Existir: Tener vida. Poder ser.
i)        Cuidar: Asistir, guardar, conservar. Discurrir, pensar.
j)        Desbaratar: Deshacer o arruinar algo.
k)      Nada: No ser, o carencia absoluta de todo ser.
l)        Poder: Tener expedita la facultad o potencia de hacer algo.
2. Estudio de las relaciones entre los términos
Compatibles: Creer – Amor – Existir – Cuidar – Poder //
Caer – Repentino – Soledad – Afuera – Desbaratar - Nada
Contrarios: Creer – Caer // Caer – Levantar // Amor – Soledad // 
                        Cuidar – Desbaratar //Existir – Nada // Poder – Nada // 
                        Afuera - Existir
3. Determinación de los conceptos fundamentales
a)      Creer - Existir
b)      Caer – Afuera
c)      Y de repente
4. Inventario conceptual
a) Términos afines:
Creer – Amor
Amor - Cuidar
Caer – Desbaratar
Nada – Soledad
Afuera – Soledad
b) Términos opuestos:
Creer – Caer
Caer – Levantar
Amor – Soledad
Cuidar – Desbaratar
Existir – Nada
Poder – Nada
Afuera - Existir
c) Términos en una relación de dependencia
            Afuera – Soledad
            Amor – Cuidar
            Existir – Poder
Caer - Desbaratar
5. Resultados de la lectura
a) Sentido del tema:
            Volatilidad de las cosas
b) Vías iniciales para el cuestionamiento
¿Afuera de qué? // ¿Adentro de qué?
                        ¿Qué puedo conocer?
                        ¿Qué debo hacer?                     ¡Si todo es tan volátil!
                        ¿Qué me cabe esperar?                                 

II. LA PROBLEMÁTICA
            1. Cuestionamiento: (preguntas)
Si lo que hoy es mañana no será, ¿qué sentido tienen las cosas?
¿Las cosas (incluyendo la vida misma) tienen un sentido en sí mismas?
¿Qué conjunto de elementos son los que suelen dar sentido a las cosas o a la vida?
                        ¿Cómo puedo construir sentido para mi vida?
                        ¿En qué consiste estar “Adentro” de la Vida?
                        ¿Qué es lo que puede dejarme “Afuera” de la Vida?
2. Elección del problema fundamental
            Relatividad de las cosas y construcción de sentido
3. Determinación del asunto que está en juego
            La significatividad de las cosas y la vida misma
4. Elección de la idea directriz que debe guiar la reflexión
            Creer es existir.
El mundo de sentido depende de un contexto que hay que vitalizar y revitalizar
5. Planteamiento detallado
            a) Elección del tipo de planteamiento
                  Confrontación
b) Establecimiento del planteamiento detallado
ü  Tratamiento de la respuesta y planteamiento
Estudio relacional: “Creer y existir”
ü  Tratamiento del problema
I. Creer, definido como tener por cierto algo que el entendimiento no alcanza o que no está comprobado o demostrado, nos lleva a dar existencia, o bien a dar sentido, a algo, a pesar de la contingencia o relatividad que pueda implicar.
II. La existencia, entendida como lo que da vida o posibilidad de ser a algo, depende de la capacidad de creer que tal o cual cosa puede ser posible y de hecho real.
ü  Posición adoptada frente al problema
III. Recíprocamente, lo que constituye la base del creer es poder considerar que algo es posible, que puede existir y por tanto adquirir significatividad. El único medio para que algo exista es que alguien se atreva a creer que es posible de ser realizado y que de hecho lo realice. Existir es poder ser y para que algo pueda ser hay que creer que es posible y buscar el modo de que efectivamente sea posible y existente.
ü  Respuesta a la pregunta
IV. El ser, lo que es realmente, exige la dialéctica de ambos términos, del creer y del existir, el paso de uno a otro. Se manifiesta a través de estas dos realidades.

III. LA CONCLUSIÓN
1. Determinación del problema
Si lo que hoy es mañana no será, ¿qué sentido tienen las cosas? No obstante, tengan o no sentido en sí mismas las cosas resulta que damos valor e importancia a ciertos aspectos de nuestra vida, por tanto, ¿Qué conjunto de elementos son los que suelen dar sentido a las cosas o a la vida?
El problema al que nos enfrentamos es el de la relatividad de las cosas y la construcción de sentido.
2. Ganancia para el pensamiento (el asunto en juego)
El asunto en juego ante el cual nos encontramos es el de la significatividad de las cosas e incluso de la vida misma. Es decir, plantear si vale o no la pena apostar por creer y existir.
3. Respuesta a la pregunta 

Existir es poder ser y para que algo pueda ser hay que creer que es posible 
y buscar el modo de que efectivamente sea posible y existente.

Un fraternal y filosófico abrazo,

miércoles, 26 de mayo de 2010

De La ExIsTeNcIa A La PaNtALLa Y De La PaNtALLa A La ViDa


En el presente ensayo se hace un análisis de las películas Los olvidados, De la calle y Ciudad de Dios, bajo una temática existencial y haciendo uso de un cuadro semiótico. Tal cuadro se ira construyendo a lo largo de la explicación y se mostrará en su totalidad al final del escrito.







           
Los conceptos con los cuales se da inicio al análisis son: Conciencia de vida y Conciencia de muerte.[1] Ambos conceptos, que juegan el papel de contrarios, se han elegido ya que en las tres películas tanto el tema de la vida como el de la muerte son centrales. Sin embargo, el presente escrito pone su atención no en el hecho explícito de la vida y la muerte, sino más bien en la conciencia que los personajes hacen de ambas realidades y las implicaciones que tal concientización implica para ellos.

De este modo, el cuadro semiótico comienza con los siguientes elementos (una vez que se agregan los contradictorios de los conceptos ya delimitados):


 Cuadro 1.

Ahora bien, de la “Conciencia de muerte” y la “¬(ausencia de) Conciencia de vida” es posible encontrar como constante, de las tres películas que analizamos, la Violencia”. Por ejemplo, en Los olvidados, puede situarse en la persona del Papá de Julián, una vez que le han matado a su hijo. En De la calle, este concepto es ilustrado por el Viejito pordiosero que profetiza sobre el fin del mundo. Y en Ciudad de Dios, tal concepto es representado por el grupo de Niños que desafían los territorios de Zé Pequeño. En tales personajes se logra ver la conciencia que tienen de la fragilidad humana, pero también es patente la incapacidad de asumir responsablemente las riendas de su vida.

Esto deja el cuadro de la siguiente manera:




Cuadro 2.


Por otro lado, cuando no hay ni “Conciencia de vida” ni “Conciencia de muerte” lo que se vive es el Sinsentido de la vida. Es decir, se experimenta un nihilismo pasivo, como lo llamaría Nietzsche, que se encuentra inmerso en la nada, en la vaciedad, sin saber como salir de ella y sin tener la más mínima intención de hacerlo. En esta situación existencial podemos situar a Jaibo de Los olvidados, a Comandante Ochoa en De la calle y a Zé Pequeño de Ciudad de Dios. La razón de ubicar a estos personajes aquí, es su incapacidad de valorar tanto la vida como la muerte. Inclusive, a pesar de que se encuentran “cara a cara” con la muerte en más de una ocasión, su insensibilidad es tal que no les causa ninguna mutabilidad, por lo que su existir es algo aparentemente inercial y parasitario.

El cuadro correspondiente es este:




Cuadro 3.


Otra consideración a realizar, es la que surge de la combinación entre la “Conciencia de vida” y la “¬ (ausencia de) Conciencia de muerte”, que implica una Ingenuidad. Esto significa que quienes se dan cuenta de su posibilidad de existir, pero dejan de lado el aspecto finito del hombre, despegan los pies del suelo y se dedican a fantasear, al grado de que su proyecto personal de vida queda truncado e inconcluso. Para hacer más explícita la noción se pueden señalar los siguientes personajes: Pedro por parte de Los olvidados, Rufino en De la calle, así como Bene en el caso de Ciudad de Dios. El problema de estos personajes no es el hecho de tener sueños e ideales de cambio; sino más bien el hecho de no haber tomado las suficientes precauciones para que su proyecto de vida pudiera tener concreción. Es más, los tres personajes mueren en la trama de su respectiva película, sin llegar a cumplir lo que en realidad querían.

Con esta noción el cuadro se complementa como se presenta a continuación:




Cuadro 4.

Ahora, cuando hay tanto “Conciencia de vida” como “Conciencia de muerte” es posible encontrar el Sentido de vida”[2], que en las tres historias es tan buscado. De esta manera, aún cuando las tres historias concluyen con finales dramáticos, es viable encontrar personajes con posibilidad de asumir su vida como suya (Aunque no hay que perder de vista que se encuentran en “posibilidad de llegar a ser” lo que han de ser, de modo que, darle realidad supone aún, esfuerzo y constancia) Estos personajes son los siguientes: la Mama de Pedro en Los olvidados, Xochitl en De la calle y Cohete en Ciudad de Dios. Puede señalarse, a su vez, que estos personajes han perdido a seres queridos y esto podría conducirles al lado opuesto de la consideración, es decir al “Sinsentido” de la vida. No obstante, por el proceso que han llevado, de hacer conciencia tanto del valor de la vida como del valor de la muerte, se encuentran en mayor posibilidad de lograr el “salto” y asumir responsablemente su existencia y darle sentido a ésta.

Con este dato el cuadro se complementaría de la siguiente manera:
 Cuadro 5.

Por último, falta señalar cuáles son los ejes que permiten que se de o no, tanto la “Conciencia de vida” como la “Conciencia de muerte”. Por lo que respecta a la “Conciencia de vida” se puede identificar la Búsqueda de identidad”. En otras palabras, el poder plantear y responder a la pregunta, eminentemente existencial, por ¿quién soy yo? abre la puerta para asumir la posibilidad de existir como un “yo responsable”. Pero, el no descubrir la importancia de tal pregunta, conlleva a no hacer conciencia del valor de la vida.

En los tres filmes es posible detectar implícita la pregunta por ¿quién soy yo? Sólo que no todos los personajes descubren la importancia de plantear y responderse a esa pregunta responsablemente, de manera que en la mayoría de estos personajes, tal cuestionamiento es realizado sólo de manera parcial.

En lo que compete a la “Conciencia de muerte”, el Sentimiento de finitud es lo que permite valorar la posibilidad de dejar de existir y con ello asumir que con la muerte llega a su fin mi oportunidad de ser un existente, de poder ser yo mismo. Así, la “Conciencia de muerte” está íntimamente ligada a la pregunta ¿qué va a ser de mí? En consecuencia, para que una persona sea capaz de asumir responsablemente el hecho de que su existencia tarde o temprano tendrá que llegar a su fin, y darse cuenta que ello le exige tomar las riendas de su existencia ahora que puede, es necesario toparse cara a cara con una experiencia que le lleve al límite de su existencia. Es decir, que le haga darse cuenta que se encuentra a un paso de la vida, pero también a un paso de la muerte.

Ahora bien, el eje en el cual giran todos los elementos considerados con anterioridad es la Necesidad de afecto; de sentirse no sólo que se es “alguien”, sino además que se es “alguien amado y valorado”, al grado que es posible afirmar que “el amor es lo que da vida y la muerte sólo es justa cuando es por amor”.

El cuadro semiótico completo quedaría del siguiente modo:




Cuadro 6.

En resumen, Los olvidados, De la calle y Ciudad de Dios, son películas que nos presentan bajo tres distintos enfoques una misma realidad, la existencia humana. De este modo, los tres filmes hacen patente la complejidad de esta realidad que “somos en cada caso nosotros mismos” y que, por tanto, plantean aspectos que hemos vivido o que, tal vez, alguna vez viviremos.

Por supuesto que este análisis no da la última palabra. De hecho, es una invitación a profundizar en los elementos aquí expuestos y en aquellos que por la brevedad del escrito no alcanzaron a ser considerados.





[1] Por “conciencia de vida” entiéndase: la actitud de asumir la posibilidad de existir. Por su parte, cuando se dice “conciencia de muerte” es por definición la actitud de asumir la posibilidad de dejar de existir.
[2] Este “Sentido de vida” no significa que ya se haya logrado llegar a la meta de la existencia, sino más bien, que se ha encontrado la condición de posibilidad para asumir responsable y personalmente tanto el significado como la dirección de la vida propia.


miércoles, 10 de febrero de 2010

NOVeLa FiloSÓFIca ExisTENcial (3°-3)_El Extranjero de Camus


En El extranjero de Camus, Mersault, el personaje principal, resulta no sólo alguien distinto de los demás personajes de la historia, sino que se va convirtiendo en una “amenaza”. Amenaza debido a la ruptura, el corte, la escisión, la grieta, la indiferencia absoluta (“Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé” ), un agujero de existencia por el que se cuela todo sin esperanza y donde el destino es un opaco cristal.

No hay esperanza en nuestro extranjero, ni salvación; su dolor no se eleva sino que se queda en él, permanece en sus días, ni se proyecta hacia adelante ni hacia atrás manteniéndose fijo en un momento que tampoco es presente. Todo él supone la extensión de unos actos de los que no se siente dueño, el ser sin repercusión moral en la totalidad de los acontecimientos que no se piensan sino que sólo se ejecutan. Recuérdese el “libre albedrío”, que ya se explico anteriormente de Electra y en el que permanece, también, Mersault.

Para el extranjero nada importa porque nada posee, es como una suspensión vital de pensamiento y acto, y no sólo en su problema o interioridad, sino para la sociedad. Una sociedad en la que vive y no, lo que significa que paralelo a él corre el mundo real (y con ello la crítica que Camus desliza sobre dicha sociedad), esas imágenes míseras y ridículas de las que en ningún momento se hace cargo porque nada tienen que ver con él , o quizá mucho (desde nuestra perspectiva como lectores), pero no para él. No para esa porción de amarga existencia donde el personaje se halla. Porque eso es lo que siente, una existencia cualquiera que quizá no merece la pena de ser vivida, conclusión que en sus últimos minutos le servirá de consuelo: “Y bien, tendré que morir […] Pero todo el mundo sabe que la vida no vale la pena de ser vivida” . Imagen vivida del “nihilista pasivo” del que Nietzsche hace mención en Voluntad de poderío . Así, Mersault ni se forma ni se destroza, es pura angustia y quietud, no hay devenir y tan sólo la triste pero real influencia de factores climáticos y ambientales a los que responde impulsivamente como una animal, dispara al árabe porque la luz del día le cegaba en ese instante .


Así que éste es el extranjero y así siente: una vida inevitable, siempre extraño en su medio, abocado a la incomprensión, al límite en todo de la moral y por supuesto alejado de su destino. Un enajenado. Es decir, que la conciencia se experimenta como separada de la realidad a la cual se pertenece de alguna manera. Nace entonces un sentimiento de desgarro, desunión y lejanía, una realidad que se halla fuera de sí en contraposición al ser en sí. Y esto designa el estado de libertad en un sentido positivo, no como liberación de algo sino como liberación para sí mismo, esto es, como autorrealización.

Sin duda hay un proceso, pero la superación está clara y en su evolución el tiempo es en todo momento el mismo, algo que ni se marca ni se define, ni es propio ni ajeno. Quiero decir que esa indiferencia está en el extranjero siempre, aunque él no lo sepa certeramente hasta el final, donde se deja caer sobre su persona. Y es entonces Camus el encargado de enseñarnos precisamente eso, que dada cualquier situación todo es siempre igual; la muerte siempre pesando, la vida en su ilogicismo golpeando al hombre, el tiempo limitando, definiendo, oprimiendo, las esperanzas en extinción, la vida marchándose lenta o rápidamente pero siempre yéndose..., y el hombre sin comprenderlo demasiado, en la aceptación o la abnegación, pero siempre “condenado” a vivir y a esperar. Ya lo decía Kafka: “tener un proceso es haberlo perdido ya”.

Camus nos relata de este modo la vida sin descanso, en la misma mente y el mismo cuerpo, sin posibilidad de interrumpir la conexión, abandonarnos o alejarnos por un rato de nuestra vida para poder volver a entrar en ella descansados. No hay tregua para Mersalut como para nadie.

“Morir a los treinta años o a los sesenta importa poco, pues, naturalmente, en ambos casos, otros hombres y otras mujeres vivían y así durante miles de años. […] Desde que uno debe morir es evidente que no importa cómo ni cuándo”.

Y ésta es la Historia, la Historia de la Humanidad. Esa historia en la que estamos inmersos pero que no nos pregunta cuándo queremos morir o dónde o por qué, sino que ella se hace cumplir en nosotros independientemente de nuestros deseos. Lo que parece contradecir la posibilidad de una existencia en libertad absoluta, pero no relativa o temporal, como el mismo hecho de la existencia que es por excelencia finita y temporal.

Éste es quizá el “sinsentido universal”, un sentimiento de desprendimiento, de injusticia, porque en el fondo uno no puede prever su final, luego todo lo que acontece en torno nuestro nos pertenece y no, posiblemente porque pertenece a algo más grande que es la Historia en general, o a la Conciencia Humana en general, o a su Condición, y no a cada ser en particular, a cada microcosmos, que como tal, importa mucho.


De este modo, Mersault con su descripción narra la Historia del hombre, la justicia que le ha asistido, la libertad, la más lícita de las lejanías que uno puede sentir respecto de la sociedad y el resto de hombres, la incomprensión, lo esporádico, la insuficiencia del entorno, el estado interior. Y con todo la necesidad de que el hombre sea su libertad.

En conclusión, cada uno de nosotros somos “extranjeros” en la vida, seres arrojados a la existencia sin haberlo nosotros pedido ni ella querido. Somos individuos acosados por las “moscas” de los prejuicios, de las modas, de los medios de comunicación, en fin, de cualquier persona que entra accidentalmente a nuestra vida. Entre tanto, intentamos asumir el “proceso” de vivir auténticamente y ser auténticamente nosotros mismos, con todo en nuestra contra.

Sin embargo, es posible atisbar intuitivamente que para lograr la vida auténtica es necesario vivir en libertad, en un proyecto que consiga atar los cabos entre el quién soy, hoy por hoy, y el quién puedo llegar a ser, al final de mi existencia, sea cuando sea que esto ocurra. Y como ese dato es el más incierto de todos, más vale “despertar” de nuestros “sueños dogmáticos” lo antes posible. Tal función de “despertador” es la que intenta cumplir la filosofía, especialmente la “filosofía existencial” y con mayor accesibilidad al hombre común mediante la “novela “filosófica” que no cuenta “cuentos”, ni “fábulas”, pero si “historias”, “historias reales” como la tuya o la mía. Por eso, parafraseando a Camus, para hacer filosofía no hay como escribir novelas y dar a pensar con imágenes.

jueves, 5 de noviembre de 2009

NOVeLa FiloSÓFIca ExisTENcial (1°-3)


Cuando hojeamos el interior de una obra filosófica es común encontrarnos con ideas, nociones, conceptos y consideraciones abstractas que parecieran presentarnos una “fría conciencia pura”. En otras palabras, la idea más general y generalizada de la filosofía es que trata de cosas que no interesan al hombre de la vida cotidiana y que es un estudio “frío” de la realidad. Sin embargo, tal como lo describe Nicola Abbagnano:

“Filosofar significa para el hombre, en primer lugar, afrontar con los ojos abiertos el propio destino y plantearse claramente los problemas que resultan de la justa relación consigo mismo, con los demás hombres y con el mundo. Significa, no ya limitarse a elaborar conceptos, a idear sistemas, sino elegir, decidir, empeñarse, apasionarse: vivir auténticamente y ser auténticamente sí mismo.”

De este modo, una nueva forma de plantear los problemas filosóficos al hombre de la cotidianidad es mediante la “novela filosófica”, que de suyo esboza situaciones de la vida real y valiéndose del lenguaje simbólico, nos lleva a consideraciones sobre la vida, la muerte, la libertad, la alteridad, el relativismo, entre otros.


En el presente ensayo se desarrolla el problema de la libertad desde tres novelas filosóficas: El proceso de Franz Kafka, Las moscas de Jean-Paul Sartre y El extranjero de Albert Camus.

La primera obra a analizar es El proceso de Kafka, la elección es simbólica, ya que tanto la vida como la libertad humanas pueden ser interpretadas como verdaderos procesos. Es decir, puesto que el hombre no está definido de una vez y para siempre necesita ir cuestionándose agustinianamente ¿quién soy? y ¿qué va a ser de mí? O lo que es lo mismo, ¿qué soy ahora? y ¿qué puedo llegar a ser? En esto consiste justamente “el proceso”, en tratar de dar respuestas a estas cuestionantes filosóficas, pero primordialmente existenciales.

En consecuencia, el inicio de la novela no podía ser más ilustrativo del comienzo del proceso de ser sí mismo. El despertar . El despertar exige una infinita presencia de ánimo, que permita actuar con rapidez, proporcional al modo aparentemente ilimitado de la dispersión, característica del estado de ensoñación. Quien no agarra velozmente el hilo de la continuidad del día, corre el riesgo de quedar atrapado, no en el sueño, sino en una forma particularmente aterradora de la vigilia. Literalmente, podría ser la forma del aturdimiento, ese momento inicial del despertar, que consiste en abrir los ojos a una pura exterioridad vacía de todo sentido.



Este modo inquietante de la vigilia, es quizás el que más se parece a la perspectiva de K. en El proceso. Pero su historia, enseña que el quedar detenido en ese momento del despertar, es algo más que un fenómeno fisiológico. Es, de hecho, la imagen originaria y, en parte latente, del extrañamiento, de esa ruptura invisible con el mundo familiar y conocido que, de pronto, sobreviene dentro de la propia vigilia. La imagen del despertar aturdido, une el instante del extrañamiento con el lugar de mayor familiaridad: el dormitorio o la cama. A partir de aquí, esto es, desde el principio, lo familiar, salvo como ilusión o deseo, no tendrá lugar en El proceso.

De tal manera, el despertar es el momento de máxima vulnerabilidad, porque en él se demora el estado de desprotección propio del sueño. ¿Cómo, entonces, se puede estar preparado? De hecho, no se está preparado. Siempre nos toma por sorpresa. Nacemos sin haberlo pedido y somos puestos en el mundo para ser libres… aunque no tenemos ni la más mínima idea de cuáles son las reglas del juego, las reglas del proceso. Hemos sido puestos en el mundo para ser libres, pero el camino para serlo lo hemos de descubrir en el proceso de ser libres, nunca antes.


Por otro lado, hay que tener bien presente que quien entra en proceso se convierte en un extraño, un extranjero. Los demás aún cuando condicionan su vida no lo terminan de entender y “pasan” por su vida, pero no se quedan para siempre. Inclusive no hay abogado que pueda llevar con éxito nuestro proceso, como pasa con K. que se ve en la necesidad de despedir a su abogado y tomar las “riendas” de su proceso . De igual modo, nuestro proceso corresponde a nosotros mismos. Cada quien es el abogado de su propio proceso.

Ahora bien, “tener un proceso es haberlo perdido ya” , en el sentido de que quien vive lo hace para morir. Así, no es que estemos en la imposibilidad de vivir con autenticidad la vida, pero la vida siempre será demasiado corta para quien comienza a vivirla. No obstante, vivir con autenticidad es vivir libre, ser sí mismo. Lo que significa que no importa morir si se ha aprendido a vivir libremente. En este sentido, la libertad nos concede una especie de anticipación a la muerte. Aprender a ser sí mismo libera al hombre incluso de su vida misma.

Lo anteriormente descrito lo podemos constatar en el breve, pero aplastante capítulo final , donde K. aparece distinto. Ante todo, se anticipa a los hechos. A pesar de no haber sido notificado sobre visita alguna, su actitud es la de quien espera invitados. Da la sensación de que por fin ha visto lo que se le escapa desde el primer momento: ser arrestado -o arrastrado- es ya empezar a morir. Como el retardo es parte de la agonía, el golpe de vista sólo podía estallar dentro de una esfera que, en cierta medida, se sustrae al poder que ciega. Esta esfera es la de un sueño, que no es premonitorio, pero sí una revelación, la fisura del retardo, el pasaje hacia el fin...

Continuará... (2°-3)

Erick Fernando


lunes, 12 de octubre de 2009

BUSCANDO alternativas



La principal labor del filósofo es la de buscar alternativas de vida.
Aunque las cosas hayan sido hasta hoy de un modo, siempre hay opciones.
Cuál alternativa te atreves a construir tú?
Es tu valor el suficiente para ser tú mismo una alternativa para los demás?

Erick Fernando

domingo, 6 de septiembre de 2009

FILOSOfar PARA VIVIR

Cuando hojeamos el interior de una obra filosófica es común encontrarnos con ideas, nociones, conceptos y consideraciones abstractas que parecieran presentarnos una “fría conciencia pura”. En otras palabras, la idea más general y generalizada de la filosofía es que trata de cosas que no interesan al hombre de la vida cotidiana y que es un estudio “frío” de la realidad. Sin embargo, tal como lo describe el filósofo Nicola Abbagnano:

“Filosofar significa para el hombre, en primer lugar,
afrontar con los ojos abiertos el propio destino y
plantearse claramente los problemas que resultan
de la justa relación consigo mismo,
con los demás hombres y con el mundo.
Significa, no ya limitarse a elaborar conceptos, a idear sistemas,
sino elegir, decidir, empeñarse, apasionarse:
vivir auténticamente y ser auténticamente sí mismo.”

Para constatar lo que afirmo les comparto un video que compara algunas ideas generales del filme "Matrix" y del "mito de la caverna", del filósofo griego Platón.

Disfrútalo, reflexiónalo y si la vida te alcanza, coméntalo...

Ecknan Ferrick

jueves, 23 de abril de 2009

DE ESTUDIANTES A CONSUMISTAS DE INFORMACIÓN

A propósito de que la SEP ha decidido sacar a la Filosofía del mapa curricular de los estudiantes de nivel medio superior, recorde que, hace dos años tuve la oportunidad de ser panelista en un Foro de Filosofía, cuando aún era estudiante de Filosofía en Guadalajara, y prepare un breve ensayo en el que intuía las medidas que ya comienzan a tomarse... A ver qué les parece.

Siempre que visito a mi abuelito no deja de recordarme y recomendarme que me prepare, que estudie y logre así ser una gran persona, con sabios conocimientos, buenos hábitos, firmes valores y una actitud constructiva ante la vida… sin embargo, nunca olvida agregar: “por eso estudia una carrera que si te haga ganar dinero y te permita ser «alguien»”. Yo valoró sus sabios consejos, aunque me cuestionó: ¿la educación que la sociedad actual nos provee a los estudiantes cumple con todas estas características? ¿El hecho de prepararme para tener una buena posición económica y social me llevará a dejar de lado los valores y las actitudes que están en favor de la vida? ¿Es ésta la sociedad en la que quiero desarrollar mi proyecto personal y comunitario de vida?

Un vistazo general a la sociedad actual, permite darnos cuenta que existen Instituciones educativas que se dedican simplemente a informar a sus alumnos. Es decir, a llenarlos de conocimientos para que sean productivos y se integren lo más pronto posible al mercado laboral. Casi podría decirse que son “maquiladoras” de profesionistas o técnicos, ya que buscan “producirlos” a todos bajo los mismos lineamientos y aspiraciones: para ser cada vez más eficientes en favor del mercado y a cualquier precio, incluido el humano.

En este contexto, los estudiantes que piensan y levantan la voz son mal vistos, sólo son “alborotadores”; y si lo son desde que estudian mucho peor, ¿qué será cuando estén en alguna empresa? Seguramente la llevaran a la quiebra. Lo de hoy es producir, ganar dinero, ser “alguien”. El pensar es perder el tiempo, cuando el interés es producir.

Tal situación tendría que hacernos reflexionar: ¿basta con la información para educar a los estudiantes? Es decir, ¿dónde quedo la formación que anteriormente solía darse en las Instituciones de enseñanza? ¿O será que precisamente porque los estudiantes con posturas reflexivas, críticas y analíticas no se dejan llevar por la moda o por el mercado, los estudios humanistas están comenzando a desaparecer de las Universidades? Es necesario en este punto detenerse un momento y pensar ¿de qué sirve que los estudiantes de hoy tengan tanta y tanta información sobre cualquier tema si lo único que se hace es recibirla pasivamente y no tomar postura crítica ante los estilos de vida que esto está generando? ¿Tenemos que concluir de esto que el modelo educativo actual no enseña a tomar postura crítica y que se conforma con llanos adoctrinamientos de sus estudiantes?

Otra pregunta que surge en nuestra reflexión es: ¿quiénes son los verdaderos “educadores” de los estudiantes de hoy? Ante el amplio terreno ganado por el internet, la televisión y los videojuegos, pareciera ser que son quienes han comenzado a tomar las riendas de la educación. De esta manera, es necesario cuestionarnos si estos medios masivos nos están formando o si más bien nos están deformando. Es curioso, como en general, se suele desconfiar de lo que un profesor en clase está diciendo a sus alumnos, o lo que un padre cuenta a sus hijos; pero cuando lo mismo es dicho en televisión o aparece en internet, entonces ya no es permitido dudar de ello, ya que “si lo dice la televisión o si aparece en internet, debe de ser verdad”. El problema es que tanto la televisión como el internet están llenos de “información fantasma”. Lo que significa que se encuentran plagados de frases y contenidos que no son sustentados por ningún argumento, salvo por el peso de la fama o la linda cara de quien lo anuncia.

De frente a esta realidad hay que reconocer que la educación y los medios de comunicación masiva ofrecen información fuertemente manipulada, a veces descaradamente convertida en “ideologización”. Por supuesto que no lo reconocerán ni mucho menos, al contrario podrán llamarle de diversas maneras como por ejemplo “conocimiento común de grupo”, “tendencias”, “actitudes liberales”. Sin embargo, no dejan de constituir una enajenación de la persona, un encasillamiento de los individuos, un empobrecimiento de lo humano.

Siendo así, es necesario hacer conciencia en los estudiantes que se forman en las distintas Instituciones educativas, que el modelo neoliberal impuesto por Estados Unidos es terriblemente ideologizante, hasta el grado de no parecer serlo. Esto puede ser rastreado mediante la reflexión y el análisis, a través de preguntas tales como: ¿y esto de qué manera me lleva a ser mejor persona o más humano? ¿Lo que estudio lo hago por obligación y necesidad o por convicción y servicio? ¿Lo que aprendo me provee realmente de sabios conocimientos, buenos hábitos, firmes valores y una actitud constructiva ante la vida? ¿Cuáles son las implicaciones sociales del sector en el que me estoy preparando profesionalmente? Aquí hay que acentuar la pregunta que interroga por la responsabilidad de esta tarea. ¿A quién le toca atender esta responsabilidad de crear un espíritu crítico y reflexivo ante los modelos que se están imponiendo? ¿Es tarea de los estudiantes o de los profesores? ¿De jóvenes o adultos? ¿O es responsabilidad de todos? Y si es así ¿qué corresponde a cada cual?

Quizás habrá más de un estudiante que diga que este tipo de preguntas no le interesan y que mientras a él o a ella no le afecte en su persona no tiene porque preocuparse. A estos estudiantes sólo puedo pedir que estén atentos. Puesto que no saben hasta cuando les podrá durar el gusto, ya que en una sociedad tan inestable como la nuestra, es requisito esperar lo inesperado. Tal vez el día de mañana las actividades a las que se dedican lleguen a su caducidad, como hoy parecen hacerlo las humanidades, el arte y la religión.

Jóvenes y adultos estamos siendo afectados por la uniformidad impuesta por el neoliberalismo. De este modo, jóvenes y adultos tenemos que despertar a la dura realidad: estamos dejando que otros vivan nuestras vidas, que otros nos digan que es lo que tenemos que hacer y por no sacrificar nuestra comodidad preferimos que nos cargue… la deshumanización y la desvalorización en la educación que impartimos y recibimos. Insisto en preguntar: ¿qué nos toca a cada cuál?

Erick Fernando